Baudelaire y el Dandismo

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y en “Le Figaro”, Baudelaire publica los episodios del artículo “El pintor de la vida moderna”. En él aparecen varios apartados consagrados al dandismo. De Charles Baudelaire (1821-1867) es sobradamente conocida su afición al tema. Piensa –varias veces en su vida- dedicar una amplia obra a la significación y a las maneras del Dandy (obra que, es muy de lamentar, no llegase a redactar jamás). Su propia vida fue además, en casi toda ocasión –muy especialmente, como siempre, en la juventud-, una vida de Dandy. De Dandy cuya rebeldía (constatada en una larga tradición de anécdotas) es indudable. Nadar dirá de el que es un Byron vestido por Brummell, uniendo en la frase (no sé si intencionadamente) dos nombres que representan las dos tendencias principales del dandismo: la agresión del arte, el aliento cálido, y (siempre la persona) la sola distinción del traje y la frialdad lejana. Baudelaire representa, sobre todo, la primera (Byron), aunque alguna vez en su vida pusiese en práctica la segunda. Sale, a veces, con una cinta de terciopelo a la cintura, al modo de los patricios de Venecia que pintó Tiziano. Un día se pasea con una boa de plumas rojas al cuello. Posando sobre las plumas –como muerta, fina, larga y pálida- su mano adornada por un gran anillo episcopal. Otras veces anda con paso rítmico, agitando su delgado bastón de puño de oro.

El dandismo de Baudelaire es una forma de agresión y rebeldía hacia la grisura común, que aparecerá también en sus Flores del mal. Pero Baudelaire es, además (y aunque sea con sólo escuetos artículos), uno de los grandes tratadistas del dandismo. En su concepción del Dandy, Baudelaire se va acercando a la estética del simbolismo. El dandismo supone –como se deja ver en su Elogio del maquillaje- el triunfo del arte (en la persona y en la vida) como artificio. La supremacía de lo artificial, de lo que, aun entrando en la naturaleza, está por encima de ella, la supera y la vence. El triunfo de la fantasía sobre el aire pútrido de la utilidad. El dandismo es, pues, un arte. Arte en el que descuella el culto a la propia persona. Y arte que supone –Baudelaire nos lo dice ya- un desafío y un reto. La oposición –vinculada, sabemos nosotros, a la tradición del Mal- hacia todo lo que es común, apersonal o vulgar. De ahí que el Dandy sea un aristócrata.

Baudelaire subraya además, y en mucha mayor medida que Barbey, el fuerte carácter de ética que tiene el dandismo. El cual roza, nos dice, con el estoicismo y con el espiritualismo más riguroso. El Dandy sigue un código, aunque este código venga marcado con su propia persona. Y el código es severo. Por eso, el Dandy es, al mismo tiempo, sacerdote y penitente de su culto. La ética del dandismo viene dada por el propio Dandy o por la deformación que –en acto puro rebelde- el Dandy impone a la regla de la sociedad en la que triunfa. Pero esa ética tiene siempre (porque participa de la rebelión del Mal) un aire ausente y lejano, como desesperanzado, desengañado o escéptico. Un aire de abandono impasible –sorprender, no ser jamás sorprendido- que en nada está reñido con la estética. Porque el dandismo es, también, un triunfo de la estética en el valor individual de la persona.

Para Balzac, la elegancia era un sentimiento; para Barbey –además- una actitud ante la vida y una forma de ser surgida de la fatuidad que siempre necesita ser vista. Para Baudelaire (completando la línea), el dandismo es –sin excluir lo anterior- una oposición rebelde contra la mezquindad de lo vulgar e inerte, el triunfo del artificio y de la fantasía, el gusto exacto de la elegancia y una ética severa y rigurosa. Las tres líneas (Balzac, Barbey, Baudelaire) completan la visión clásica –y cierta- del dandismo. Representan una reflexión sincrónica sobre el fenómeno, que –progresivamente- se va enriqueciendo. Todavía no se ha llegado –esto será ya en nuestro siglo- al análisis de interpretación o a la fenomenología de las causas y del significado, pero se erige al personaje –el mito del Dandy- y se sientan las bases de la futura elucidación, explicando los distintos elementos y la función peculiar del fenómeno.

Los tratados clásicos del dandismo –debo repetir- no han perdido hoy nada de su valor ni de su necesidad. Son la base fundamental de cualquier acercamiento a la manera del Dandy. De ese Dandy que, hasta en el morir, quería manifestar su rebeldía.

Tanicia Turpilius
Acerca de Tanicia Turpilius 854 Articles
Es difícil describir a una persona tan compleja como Tanicia Turpilio, pero por encima de todo sé que es creativa y perceptiva. Por supuesto, también es racional, decidida y centrada, pero en cierto modo son rasgos menores y se mantienen en comportamientos de extremadad. . Su creatividad, sin embargo, es lo que sshe a menudo se admira. Los amigos tienden a contar con su fervor cuando necesitan apoyo. Nadie es perfecto, por supuesto, y Tanicia tiene muchos rasgos menos favorables también. Sus maneras sombrías y su deslealtad agrian el ánimo muchas veces, aunque más a nivel personal que para otros. Afortunadamente, su naturaleza perceptiva ayuda a mantenerlos bajo control por lo menos un poco .

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